Cuphead, una armonía de homenajes

Andrés Rodríguez
Por | Comentarios | octubre 5, 2017

Cuando presentaron la Xbox One en el E3 de 2013, me llamó la atención el gran apoyo que daba Microsoft a los estudios independientes. Entre los juegos que mostraron (además del Below que aún sigo esperando) se encontraba Cuphead. ¡Qué puedo decir! Fue amor a primera vista: tenía el presentimiento de que ese título iba a ser algo especial. Y bueno, tras una larga espera, por fin pude jugarlo… y debo admitir que superó mis expectativas.

Cuphead es lo que tradicionalmente conocemos como un juego de plataformas con disparos, muy al estilo de la saga Contra (1987) de Konami, con la peculiaridad de que el apartado gráfico pretende imitar el estilo de las viejas caricaturas de los años treinta del siglo pasado. Pero sus desarrolladores, el Studio MDHR, se tomaron tan en serio esta ambiciosa tarea, que decidieron animar a mano los movimientos de todos los personajes. El resultado es único, aunque esto tiene antecedentes bastante viejos como ahora les relataré: En las salas de Arcade de los años ochenta existieron juegos que bien podríamos decir que eran “caricaturas interactivas”, siendo el primer exponente de estas curiosidades tecnológicas del Laser Disc el Dragon’s Lair (1983), cuya animación fue dirigida por Don Bluth, un extrabajador del estudio Disney conocido por haber dirigido la película animada de dinosaurios Pie Pequeño en busca del valle encantado (1988) así como la ya olvidada Todos los perros van al cielo (1989).

Gráficamente, Dragon’s Lair era increíble, pero su sistema de juego se limitaba a solo presionar un botón en el momento correcto (se podría decir que era un juego de puros Quick Time Events) volviéndose monótono a la larga. La fórmula tuvo relativo éxito y no tardó en aparecer otro juego por del mismo tipo llamado Space Ace (1983) y, como era de esperarse, los japoneses no se quedaron atrás y sacaron títulos tales como Cobra Command (1984) y Road Avenger (1985), ambos juegos fueron diseñados por Yoshisha Kishimoto, que saltaría a la fama como el creador del famoso Beat ’em up Double Dragon (1987). Antes de reseñar de lleno el Cuphead, añadiré una cosa más: durante la época de los 16-bits, los juegos que estaban inspirados en las franquicias de Walt Disney (especialmente los de Mickey Mouse y el Pato Donald) intentaban emular la sensación de estar viendo una caricatura por medio de un sofisticado “pixel art”; recuerdo en particular el Mickey Mania (1994), cuyo primer nivel era una recreación del corto Steamboat Willie bastante convincente. En aquellos días, eso era lo más parecido a controlar un dibujo animado en una consola.

La magia de Cuphead inicia aun antes de comenzar la partida pues, como pantalla de inicio, aparecen nuestros dos campantes héroes, Cuphead y Mugman, contoneándose, mientras un cuarteto de barbería canta la trama del juego… Esto provoca que inmediatamente nos sintamos transportados a un “Talkartoon” de los hermanos Fleischer o en una “Silly Simphony” de Walt Disney y eso, créanme, no tiene precio. Luego de una breve secuencia de imágenes en donde se nos explica cómo perdieron sus almas Cuphead y su valedor por jugar en el casino del mismísimo Satanás, empezamos con un  maravilloso mapa animado en donde podemos elegir la escena que más se nos antoje. A lo largo de tres islas temáticas (cuatro si contamos la pelea final) iremos enfrentando a un desquiciado reparto de oponentes que harán desternillar a más de uno de la risa, al mismo tiempo que soltar amargas lágrimas de la frustración por haber perdido por centésima vez.

La jugabilidad recuerda mucho a los shooters (o run and gun) creados por la compañía Treasure para la Sega Genesis; principalmente el Gunstar Heroes (1993) y el Alien Soldier (1995), siendo más innegable la influencia del segundo, pues en ambos juegos la mayoría de los escenarios se reducen a un combate directo con un jefe. Esto recuerda mucho a los juegos de Arcade de Mega Man (la serie Power a Battle) y también a la saga Puch-Out de Nintendo, ya que es un juego en donde los reflejos, el ritmo y la coordinación se ponen a prueba.

Los escenarios son un deleite visual, las animaciones de los enemigos son jocosas y hechas con mucho mimo y creatividad. Cuphead se controla de maravilla, y a las funciones básicas de correr, saltar y disparar en todas las direcciones, se agrega un salto doble que permite neutralizar objetivos rosas (no es difícil dominar esta habilidad, pero lleva su tiempo acostumbrarse a ella), un botón de dash y otro para soltar una habilidad especial que varía con el arma y el amuleto que se lleve equipado.

¡Y qué decir de la música! ¡Una estupenda colección de Big Band Jazz que parece sacada de la época de la recesión y la ley seca! Después de Grimm Fandango y Bioshock Infinite, no recuerdo otra pista musical que ambiente a la perfección la época que pretende recrear. A lo largo del juego existen tres tipos de escenarios: los combates cuerpo a cuerpo contra el jefe, las pequeñas escenas de “corre y dispara” (que son el punto más flojo del juego), necesarias para conseguir moneadas que te permiten comprar items, y, por último, los niveles en donde Cuphead pilota un avión para enfrentar a los oponentes más colosales (¡cómo en aquel título de SNK! ¡El Prehistoric Isle in 1930 de 1989!).

No obstante, ¡los jefes son los que se roban el show!, son como si los animadores Tex Avery, Max Fleische y Pat Sullivan (el creador de Felix el Gato) se hubieran puesto a crear los robots maestros de Mega Man luego de una larga noche con anfetaminas. Cada uno de ellos ofrece un reto distinto además de que son un verdadero deleite verlos en acción. No recuerdo sus nombres, pero entre los más destacados se encuentran: Una especie de Betty Boop convertida en un monstruo marino; un robot gigante al estilo de la portada del disco News of the world de Queen, y que es controlado por un científico loco; un genio que se transforma en sarcófago; un par de ranas karatecas que se metamorfosean en una máquina tragaperras; un payaso que conduce un carro chocón sobre los rieles de una montaña rusa y que, luego, se convierte en un carrusel gigante; una rata ¿nazi? que usa como tanque una lata de sopa… En fin ¡que el juego está demente!

Este maravilloso título es una verdadera carta de amor a los dibujos animados de la primera posguerra y a los videojuegos bien. La inspiración que toman de las Silly Symphonies de Disney y de los cortos animados de la Metro Goldwin Mayer es bastante obvia, ¡pero es aún más evidente el homenaje que hacen a los Talkartoons de los hermanos Fleischer, creadores de la sin par Betty Boop, del perro Bimbo y el payaso Koko! Basta con que vean los siguientes cortos en YouTube para que lo noten: “Bimbo’s Initiation”, “Minnie the Moocher” y “Betty Boop Snow White”. ¡Cuphead y Mugman están más emparentados con Bimbo, Popeye y Felix el gato, que con Mickey Mouse!

Las referencias a la época de los 8 y 16 bits son un poco más sutiles. Por ejemplo: la tienda en  donde compras las habilidades es atendida por un cerdo con un parche (referencia al Wonder Boy III Dragon’s Trap, que tuvo una excelente remasterización este año) o la penúltima escena, donde te enfrentas a King Dice, recuerda a una fase del Gunstar Heroes en donde también debías de usar un dado para avanzar por un tablero que ofrece distintos retos al azar. Por último, la forma en que el jefe final se encuentra sentado en su trono, no dejó de recordame a la última etapa del Ghouls ‘n Ghost (1988).

En conclusión, Cuphead es un juego adictivo que es al mismo tiempo una obra maestra de la animación. No todos los escenarios están hechos con el mismo cuidado, pero no deja de ser un trabajo majestuoso. Me hubiera gustado ver más escenas de “corre y dispara”, pero en general me dejó bastante satisfecho. La dificultad es bastante retadora, pero no imposible o injusta. Por último quisiera hacer una sugerencia en cuanto al control: las configuración de default está bien, pero prefiero meter el dash y los especiales en los gatillos traseros para que se juegue más a la usanza de un Mega Man X.

Sino fuera porque el Mario Odyssey para el Switch se ve demasiado ambicioso y prometedor, éste sería mi candidato para juego del año. Imperdible independientemente de que seas fan de este género. Se encuentra disponible para Steam y para la Xbox One. Y recuerden, ¡no hagan tratos con el diablo!