Devil Daggers, la épica de la derrota

Adrián Ávila
Por | Comentarios | febrero 2, 2017

Devil Daggers es el final de una historia que no vivimos como jugadores. El inicio del juego es el desenlace de un individuo que, por alguna razón, se encuentra en a las fosas de un infierno y nada más. Lo primero que observamos frente a nosotros es una daga flotando en medio de un escenario oscuro, la tomamos por instinto y el resto se define por nuestras habilidades. Pues paulatinamente comenzarán a aparecer una serie de demonios que al contacto nos asesinan y el objetivo es simplemente sobrevivir lo más que se pueda.

Es curioso cómo la mayoría de los juegos nos acostumbran a la victoria a través de ciertas recompensas. Si completas un nivel, tienes un pedazo más de la historia; si realizas ciertas tareas, puedes desbloquear un arma; si llevaste a cabo todo lo anterior, accedes al final del juego, pero pocas veces regresas a él. Incluso en Day Z (2013) debes cumplir ciertos objetivos para tener el privilegio de no comenzar desde cero, o en Minecraft (2011) es necesario encontrar ciertos bloques para satisfacer cualquier cosa que tu imaginación te exija construir.

Sin embargo en Devil Daggers, juego desarrollado por Sorath, no existe como tal una recompensa o victoria. Ni siquiera hay niveles o desarrollo. Éste es un shooter en primera persona donde tienes munición infinita para hacerle frente a un ejército de demonios. El único objetivo radica en aguantar unos cuántos segundos más en ese infierno. Juegues como juegues, vas a morir y hasta el día de hoy, el record no pasa de los 17 minutos porque la dificultad es tremenda.

Sí, este juego suena como esos speed runners del celular u otros videojuegos donde meramente debes aguantar para romper un récord. Entonces ¿por qué me parece tan extraordinario? Podemos comenzar con la ambientación. El espacio del juego es una plataforma en medio de un vacío. No tenemos punto de referencia más que los monstruos que aparecen; si nos alejamos mucho podemos caer y morir al instante. Simplemente escuchamos un pequeño riff al inicio y el resto es un silencio absoluto para que podamos escuchar el sonido particular de cada monstruo al acercarse.

La acción es constante. No hay respiro. Los enemigos aparecen a cada instante y apenas si podemos juntar unas cuantas gemas para mejorar la potencia de nuestra arma, que nunca va más allá de sus dos únicos ataques. Pero esto no disminuye mucho la dificultad, porque Devil Daggers exige un ritmo como pocos juegos no lo hacen.

Tampoco existe un entrenamiento o tutorial que te ayude con los controles. Simplemente actúas de manera instintiva ante un mundo hostil. La mayoría de los juegos te entrenan para superar los retos finales, aquí te enfrentas a él sin previo aviso. Y aunque sus gráficos son como de la Playstation uno, gracias a todos estos elementos te sientes inmerso en su mundo.

Este juego no necesita de contexto porque la gloria está en cuantos desgraciados te llevas al otro mundo contigo antes de perecer. Además uno puede imaginarse lo que quiera. A mí en lo personal me recordó a una demo del Doom 95 donde al final eras masacrado por un montón de demonios. Cuando lo jugué por primera vez me pareció excepcional. Para un niño acostumbrado a pasar todos los videojuegos, la derrota inevitable fue algo novedoso. Devil Daggers me permitió revivir ese asombro unos 16 años después, pero esta vez teniendo el control de mi propia muerte.