Stardew Valley, la perfecta adicción

Andrés Rodríguez
Por | Comentarios | febrero 7, 2017

En cualquier obra de arte, valoro el esfuerzo y el corazón que el artista pone en su obra más que la “originalidad” o el virtuosismo que imprime en ella. Es por eso que estoy tan maravillado con Stardew Valley (2016), pues es inevitable ver el empeño y, sobre todo, el enorme cariño que su desarrollador, Eric Barone, puso en cada mínimo detalle del juego.

Desarrollado por Concerned Ape (seudónimo del desarrollador) y distribuido por Chuckle Fish, Stardew Valley es un simulador de granja con muchos elementos de RPG al estilo de la saga Harvest Moon (Natsume, 1996). Aunque, en algunos detalles, me recuerda mucho a Animal Crossing (Nintendo, 2001), e, inclusive, combina mecánicas de juegos más actuales como el archiconocido Minecraft (Mojang, 2011). Sin embargo, hace las cosas tan bien, que apenas se notan sus influencias.

Una vez que personalizamos a nuestro personaje, el tipo de la granja en la que vamos a trabajar, elegimos si queremos tener un gato o un perro y el juego comienza. Lo primero que observamos es una cinemática: el protagonista, tras años de trabajar en una oficina monótona, se entera que ha heredado la granja del abuelo, ubicada en un pueblo mágico (en sentido literal) llamado Stardew Valley; así que renuncia a su trabajo y decide convertirse en granjero. Ya una vez que nuestro personaje pisa por primera vez su nuevo hogar, el alcalde en persona te enseñará las mecánicas básicas del juego. No hay tutoriales tediosos: todo es bastante intuitivo.

La productividad de tu granja se verá afectada por los cambios de estación así como del clima. Existen dos tiendas (la de Pierre y el súpermercado Jojo) donde puedes comprar lo necesario para tus cosechas. Además, en el pueblo hay un herrero, una cantina, un hospital, una mina, una biblioteca (en donde puedes donar los tesoros que encuentres) y una granja especializada en la venta de animales. Conforme vayas adquiriendo recursos naturales, podrás crear objetos que serán esenciales tanto para tu supervivencia como para generar ingresos.

El mayor acierto de Stardew Valley es la enorme libertad que le ofrece al jugador: Puedes hacer lo que quieras sin estar atado a una sola actividad. Es más, si no te apetece reparar la granja que heredaste en pésimas condiciones, puedes hacer cualquiera de estas cosas: especializarte en la pesca, talar todo el condenado pueblo, recolectar cosas en el bosque, jugar toda la tarde en la recreativa de la cantina, enemistarte con tus vecinos, flirtear e inclusive casarte con alguna de las pueblerinas solteras (y pueblerinos solteros, al parecer, Stardew Valley es una provincia muy liberal y progresiva, tanto que sus habitantes cambian de preferencia sexual como de calcetines… siempre y cuando les regales cosas que les gusten), extraer minerales y tesoros de una cueva mientras peleas contra monstruos (¡como hacen los granjeros de verdad!) o tomar un relajante sauna en el baño público. En Stardew Valley puedes hacer las cosas a tu manera.

Pero si quieres descubrir todos los misterios que rodean a Stardew Valley (que son muchos) deberás realizar una serie de encargos que te dictarán, ya sean unos duendes mágicos que viven en una casa abandonada o ya sea la malvada empresa Jojo. Recalco, tú decides de qué lado estar. Cumplir estos objetivos te permitirá recibir ventajas que le darán mayor dinamismo al juego como, por ejemplo, desbloquear un autobús que va hacia el desierto o tener un invernadero para plantar vegetales o frutas que estén fuera de temporada.

El reparto de personajes es excepcional y es imposible no tener simpatía por más de uno. A simple vista parecen unidimensionales y estereotipados pues, por mencionar algunos, tenemos a la chica conflictuada y rebelde, el chico deportista, la chica superficial y vanidosa, el chico cool, un viejo cascarrabias y, entre los más inusuales, hasta aparecen un ermitaño y un hechicero que vive en una torre apartada. Pero una vez que logras conocerlos mejor, a través del diálogo, y sobre todo, regalándoles los objetos que les gustan, desbloquearás pequeñas cinemáticas en donde irás conociendo mejor su carácter. Unas son simples y graciosas; otras son muy tiernas y de una carga emocional que se ve en muy pocos juegos (Todas ellas me recuerdan a los momentos más dramáticos de los RPG’s de la era del SNES y, de hecho, hay un pequeño póster en una de las casas que hace referencia a Chrono Trigger, 1995).

Como es habitual en mis reseñas, me es inevitable comparar el título que estoy analizando con otro más oscuro y que casi nadie jugó. Mientras disfrutaba de Stardew Valley, las gráficas, el sistema de día y noche, y esa sensación de déjà vu que siempre acompaña al videojugador veterano, me trajeron a la memoria el mal logrado juego de Super Hydlide (T&E Soft, 1987, aunque la versión que jugué fue la de Sega Genesis de 1990). Ambos son juegos en donde tienes que seguir una rutina, ya que tienes dormir y comer dependiendo la hora, además de que ciertos establecimientos y eventos suceden en horas específicas del día. Super Hydlide tenía ideas muy interesantes aunque pésimamente ejecutadas como son: un barra de “moralidad” (ganas “moral” matando monstruos malos y la pierdes matando a los indefensos), pierdes movilidad si tienes demasiados objetos equipados (en Stardew Valley pasa algo similar con objetos muy específicos) y los tediosos cambios de status cada vez que tu personaje tiene hambre o sueño. Sólo hay una cosa positiva en ese juego y es su música (es en serio, es increíble). Dudo mucho que Eric Barone sepa de la existencia de Super Hydlide (aunque no descarto esa posibilidad), no obstante, me sorprendió ver cosas de un juego de hace treinta años, bien implementadas, en uno como Stardew Valley. (Por cierto, el famoso YouTuber estadounidense Pro Jared tiene dos reseñas bastante buenas de ambos títulos).

Y, bueno, ¿qué más puedo decir? La música es relajante (no está mal, aunque es un poco genérica para mi gusto), el diseño artístico es hermoso y nostálgico, sus diálogos son jocosos y la jugabilidad es sumamente adictiva (llevó más de 90 horas jugándolo y no me cansó de él), pero su mayor mérito radica en el hecho de que todo esto es obra de una sola persona que se enclaustró durante cuatro años, puliendo y mejorando su, más que ópera prima, obra maestra. Salvo algunos errores de programación que, yo creo, se irán reparando en las actualizaciones, me cuesta trabajo decir algo negativo de él.

Stardew Valley ofrece mucho por un precio muy accesible. Es toda una experiencia que vale mucho la pena. Su rejugabilidad lo hace, prácticamente, un juego inagotable. Está disponible para Steam, Playstation 4 y Xbox One. Se espera una versión para Nintendo Switch. Es una verdadera lástima que se haya cancelado la versión para Wii U.

Ahora, si me disculpan, quiero regresar a mi granja virtual, en donde tengo una esposa pelirroja que me quiere y cada día es una aventura diferente (ojalá la vida real fuera así, snif).

PD: Juéguese con moderación.